Rosario Weiss ha encontrado otros caminos para ser reconocida y valorada.
En menos de un mes se han publicado en España dos novelas sobre Rosario Weiss: “La Hija de Goya” de Amelia Noguera de la Editorial Funambulista y “La hija” de Sergio del Molino de la editorial Alfaguara.
Rosario Weiss fue mi obsesión durante años hasta el punto de dedicarle mi primera novela.
Empecé a investigar su figura en 2013, como ya he contado en innumerables ocasiones. Lo que no he contado nunca, por lo menos en redes, es cómo fue mi experiencia a la hora de publicar “La sombra de Goya”. Si os fijáis bien, la fecha de publicación oficial es el 20 de octubre del 2022.
¿Por qué tardé tantos meses en sacarla a la luz hasta el 23 de abril del 2023?
Esta es una historia que tiene que ver con el mundo editorial, no tanto con Rosario, Goya, el Romanticismo, el arte, el liberalismo, la documentación, las falsificaciones, Sara, el teatro, la investigación, el Museo del Prado, la usurpación y la escritura.
Tenía la obra escrita, de título provisional «El cuento de la lechera», a principios del año 2022 y en enero la envié a tres editoriales de renombre que me habían aconsejado en un informe de editing. Pocos días más tarde, una de ellas me anunció que mi manuscrito pasaba a su departamento de lectura. Madre mía, !qué emoción!. No duró mucho, al día siguiente otra me informó de que mi futura novela no entraba en sus planes editoriales, supongo, una respuesta de lo más habitual. La tercera ni siquiera me contestó. Para ser sincera, sólo el haberme atrevido a enviar mi ópera prima a estas tres grandes editoriales y que me contestara una de tres, fue de lo más prometedor.
Pero, claro, pasaron los meses y nadie se ponía en contacto conmigo. Consulté en diferentes páginas para escritores impacientes, como yo, en las que explican que el plazo de lectura suele ser de unos seis meses y si no te dicen nada, debes de tomarte el silencio como negativo, ya que muchas veces ni contestan.
Yo me había autopublicado en 2012 un libro de relatos, «Relatos para encontrar el tiempo perdido» y era lo mismo que pretendía hacer en un principio con mi historia, antes de que me aconsejaran enviarlo a una editorial tradicional. Pensé que, si en seis meses no me contestaban, me autopublicaría tranquilamente.
En el mes de agosto entendí, ahora sé que erróneamente, que el plazo de contestación ya había expirado y empecé a buscar la manera de sacarla a la luz.
Recordé lo que me dijo un editor local (de Ibiza) el año anterior, que me entretuviese lo que quisiera enviando la novela a editoriales nacionales, que al final acabaría publicando con él. Otro gran amigo editor me ofreció publicarla, aunque el tema poco tenía que ver con Ibiza, salvo un par de escenas. Al contarle mis planes de presentarla en Madrid, los ebooks y demás parafernalia que deseaba para mi promoción, nos dimos cuenta de que iba a ser complicado ponernos de acuerdo. Así que finalmente negocié con Círculo Rojo la autopublicación. Fácil, lo que se dice fácil, tampoco fue, la verdad. Si decido autopublicarme en otra ocasión, no será con ellos.
En el mes de octubre, tras mucho batallar, finalmente mi novela, con el nombre ya definitivo de «La sombra de Goya», estaba a punto de entrar en imprenta.
Para celebrarlo, junto a mi hermana y una amiga, nos fuimos a hacer el Camino de Santiago. Creo que fue llegando a O Pedrouzo cuando la tercera editorial en discordia (que nunca me comunicó que estuvieran leyendo mi manuscrito), me escribió para decirme que mi obra era interesante, diez meses después de enviarla. Nada menos que el departamento literario de una de las grandes, me pedía si le podía enviar la obra digitalizada, para seguir el proceso de valoración. No sé si fue el cansancio de una etapa difícil, con lluvia y barro a raudales, tras varios días de dura caminata, pero me derrumbé. Qué llorera, por Dios.
Le anuncié al departamento editorial que no había tenido paciencia para esperarles, me había autopublicado y que estaba a punto de imprimir ejemplares. No me negué, claro, les envié el manuscrito digitalizado. Me rogaron que esperara de tres a seis meses y me aseguraron una respuesta, positiva o negativa, en breve.
¿Qué podía hacer en aquel momento?
¿Rechazar a la gran editorial y seguir con mi tirada? ¿Anular mi pedido y esperar la valoración? Opté por algo intermedio, acabar de imprimir los ejemplares y guardarlos en un trastero, unos meses, a la espera de la contestación de la editorial.
Ya he dicho que no soy muy paciente, a los dos meses les escribía para ver cómo iba la cosa. Al día siguiente me contestaron desde el departamento literario (nunca supe el nombre de la editora); me pedían un poco más de tiempo y esperaban después de fiestas darme una respuesta. No me habían olvidado.
Escribo esta historia como un manual de todo lo que no hay que hacer. Por si le puede servir algún escritor novel en el futuro.
Lo cierto es que llegamos a principios del 2023. Cuando llegó febrero me subía por las paredes, esperando una resolución y viendo las cajas de mis libros reclamándome su protagonismo. Volví a escribir el día 1 y nadie me contestó esta vez. Mis miedos se desataron, necesitaba saber con quién me estaba escribiendo. Así que, tras varias llamadas, me las ingenié para conseguir que me dieran el nombre de quién tenía mi manuscrito.
Un inciso, en ese momento recibí la respuesta de la primera editorial que había enviado mi manuscrito al departamento de lectura, ¡año y mes después! (No os fieis de los plazos) Les gustaba, estaba bien escrita pero no la iban a publicar y esperaban que otra editorial lo hiciera.
Cuando por fin di con la persona, pasado casi todo el mes de febrero, resultó que ésta no sabía nada de mi proyecto. Lo había elegido, meses atrás, otra editora que ya no trabajaba en la empresa. Así que le había caído a ella y no sabía ni siquiera de qué iba. Cuando tuviera tiempo le echaría un vistazo. Fue tal el jarro de agua, ya no os digo fría, si no más que gélida.
No recuerdo qué le dije, la verdad, solo sé que el 1 de marzo una de las editoras importantes de la casa, me escribía para pedirme un mes más. Que estaban muy interesadas. Esta vez con nombres, apellidos y pedigrí. Me recordó que la paciencia es uno de los atributos más importantes para un escritor. Nada que decir a eso.
¿Por qué tenía tanta prisa?
En el 2012 cuando publiqué el libro de los relatos, puse una mesa en la feria del libro de Ibiza. Me pareció una experiencia increíble. Lo disfruté tanto que la repetí al año siguiente en 2013 con unos microrrelatos en pergamino y los libros que me quedaban. Durante años visitaba la feria del libro y sentía tanta envidia por los que estaban en sus propios puestos o los que firmaban ejemplares en los de las librerías, prometiéndome repetir la experiencia lo antes posible. Mientras estrené una obra de teatro y otra de microteatro, así que, iba demorando el momento de volver. Cuando acabé de escribir la novela a finales del 2021, solo deseaba poner mi puestito. Sí, ya veis, no es que sea muy ambiciosa.
Entonces, la pasé a mis lectores cero y a una editora y me recomendaron que la enviara a editoriales tradicionales, porque les había gustado y podía aspirar a algo más. Claro, yo también fantaseado con ello, no lo pensé mucho, la sugerencia apeló a mi vanidad y lo hice. Así que pasé todo ese año 2022 a la espera de que alguien me eligiera, como si de un baile se tratara. Cuando yo bailo la mar de bien sola. Ese 2022 ni siquiera me acerqué a la feria, ni celebré san Jordi.
Además, en el Prado empezaba a haber movimientos en las cartelas. Cuando se reabrió después del confinamiento, el Museo limitó la exhibición de su colección a sus obras más importantes y así acotar el espacio. Entonces la última obra del maestro Goya, “La lechera de Burdeos”, dejó de ser nombrada como última y ni siquiera entró en esa pequeña muestra de elegidos. Me dio la sensación de que en cualquier momento saldría a la luz la historia de Rosario y La Lechera de Burdeos y que, si no me daba prisa, alguien me la pisaría.
Me había comprometido con una de las descubridoras de talento más importantes de España a darle un mes más, hasta el 31 de marzo. Y yo sólo pensaba en el próximo San Jordi.
Pasó el mes y como nadie me decía nada, insistí. Sí, sé ahora que está en el manual de TODO lo que NO se debe de hacer. De alguna manera, yo estaba provocando que me dijeran que no, porque lo que quería era publicar YA mi novela. No negociar más páginas, nuevos borradores, cambios y demás, que con seguridad hubieran mejorado mucho mi ópera prima. No lo dudo. Pero no es lo que yo quería hacer.
Desesperada porque San Jordi se acercaba, por si acaso, había pedido un puesto en la Feria. le di al timbre como una loca, y finalmente el 14 de abril me llegó el VEREDICTO. Lo leí tan rápido, en su momento, que no vi nada positivo en él. No la iban a publicar y punto.
En ese momento creí caer en el vacío. No quería pertenecer a este mundo editorial. Incluso me dije que para qué, iba a sacar la novela a la luz. Pensé hasta quemar las cajas, metafóricamente hablando. Me di de plazo el fin de semana para no actuar de manera impulsiva. Aunque no lo parezca, voy aprendiendo. Y cuando llegó el 17 de abril decidí apostar a tope por la novela. Seis días más tarde ponía “La sombra de Goya” a la venta.
A partir de ese momento, hice todo lo posible para que la gente de mi alrededor, amigos y conocidos, gentes de las redes, incluso hasta crucé el Atlántico, conociera la figura de Rosario Weiss, a mi manera. Lo di todo ese año y pico de promoción. Incluso he seguido firmando en la feria del 2024 y 2025. Y saltar a la de Palma. Presentar allí y en Madrid. Círculo Rojo prometía llevarnos a la Feria de Madrid, pero luego quedó en un fiasco, como otras tantas promesas que me hicieron.
Ahora me toca recordaros que se acaban de publicar dos novelas sobre Rosario Weiss este 2026. Después de leer varias entrevistas a sus afamados autores, estoy contenta de haber publicado la mía en 2023 y, sobre todo, satisfecha porque Rosario Weiss haya encontrado otros caminos para ser reconocida y valorada como toca.

23 de Abril de 2023. Sant Jordi. Ibiza
- Amelia Noguera
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Autor
matildelladoescritora@gmail.com
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